Cuando el síntoma se convierte en un umbral que escuchar

Hay momentos en los que algo interrumpe la manera habitual en que estábamos viviendo.
Puede ser en el plano mental, físico o relacional. A veces es simplemente la sensación, difícil incluso de nombrar, de que no podemos seguir exactamente como antes.
Es comprensible que la primera pregunta sea: ¿cómo hago para estar mejor? Pero en el trabajo psicoterapéutico puede volverse importante añadir otra: ¿qué está sucediendo en mi vida mientras justo ahora aparece este síntoma?
No significa atribuir automáticamente un significado simbólico a lo que sucede. Significa concederse la posibilidad de escuchar el malestar también como parte de la propia historia.
En esta perspectiva, el síntoma no es solamente algo que hacer desaparecer lo antes posible, ni necesariamente un enemigo que combatir. Puede convertirse en algo que escuchar y comprender, sin perder de vista la necesidad de aliviar el sufrimiento que conlleva.
El síntoma no es toda la persona
Cuando sufrimos, fácilmente el problema ocupa todo el campo.
- ·Tengo ansiedad.
- ·Estoy deprimida.
- ·No consigo dormir.
- ·Mi cuerpo no funciona.
- ·Mis relaciones siempre terminan de la misma manera.
- ·Siempre me duele el hombro, la rodilla, la cadera, la cabeza...
El riesgo es que progresivamente la persona coincida con lo que le está sucediendo.
En un enfoque de psicoterapia integrada se abre un espacio diferente: yo no soy mi síntoma. Estoy viviendo algo que merece ser comprendido, porque también por ahí pasa mi evolución, mi crecimiento espiritual.
No se trata de idealizar el sufrimiento. Un síntoma puede ser doloroso, limitante y requerir intervenciones de apoyo especializado. Pero junto a la pregunta «¿cómo puedo reducirlo?» podemos empezar a preguntarnos:
- ·¿Qué está intentando proteger?
- ·¿Cuándo apareció?
- ·¿Qué estaba sucediendo en ese momento en mi vida?
- ·¿Qué sucede cuando intento ignorarlo?
- ·¿Qué relación tengo con mi cuerpo mientras todo esto ocurre?
El cuerpo también participa en nuestra historia
No vivimos las experiencias solamente a través del pensamiento. Las vivimos respirando, contrayéndonos, moviéndonos, reteniendo, acercándonos y alejándonos. El cuerpo participa continuamente en el modo en que encontramos el mundo y a las demás personas.
Por eso, en una perspectiva psicoterapéutica integrada, puede ser útil no trabajar solamente a través de las palabras. La respiración, el movimiento, la percepción corporal, la imaginación y las prácticas de consciencia pueden convertirse en diferentes puertas de acceso a la misma experiencia.
Del síntoma al umbral
Un umbral es un lugar particular: no pertenece completamente ni a lo que dejamos ni a lo que nos dirigimos. Muchas crisis psicológicas nacen en una fase de paso, durante un cambio que aún no ha sido completamente procesado.
Una pérdida, una separación, una enfermedad, un cambio importante o una crisis existencial pueden llevarnos a preguntarnos quiénes somos, qué dirección tiene nuestra vida, qué tiene realmente valor.
El viejo equilibrio ya no funciona, pero el nuevo todavía no existe.
Es una condición incómoda. A menudo querríamos resolverla rápidamente, volver a la normalidad, recuperar lo que éramos antes. El trabajo terapéutico no consiste ni en volver atrás ni en precipitarse hacia adelante.
Consiste en acompañar a la persona a tomar conciencia de lo que implica ese pasaje, incluyendo la experiencia interior de la búsqueda de sentido: ¿qué podrá llegar a ser atravesando esa crisis? ¿Qué recursos y posibilidades de cambio aún inexpresadas podrán nacer?
Es aquí donde, para algunas personas, puede abrirse también una dimensión transpersonal. «Transpersonal» significa ir más allá del plano horizontal, ligado a la persona, y poder acceder a una dimensión más amplia, vertical, que incluya el nivel espiritual en el propio camino de vida.
No siempre hay que saber ya por dónde empezar
Muchas personas llegan a un primer encuentro sin tener una pregunta perfectamente formulada. Y es normal. A veces hay un síntoma. Otras veces una crisis. Otras solamente la percepción de que algo debe cambiar.
El primer trabajo puede ser precisamente este: detenerse, escuchar lo que está sucediendo y comprender juntos qué camino tiene sentido en ese momento y para esa persona.
El malestar puede entonces transformarse gradualmente en una posibilidad de comprensión, crecimiento y cambio. Lo que hoy aparece sobre todo como un obstáculo puede convertirse también en una ocasión para conocerse más profundamente y recuperar recursos que, en ese momento, parecían ya no estar disponibles.
A veces, precisamente lo que habríamos querido simplemente hacer desaparecer se convierte en el punto desde el que empezamos finalmente a mirarnos de una manera nueva.
Vuoi cominciare gradualmente?